El actor y estudiante Felipe González Otaño cuenta su formación en el teatro, su pasión por el mismo y por qué ha optado por una carrera detrás de la pantalla.
Se acercaba el cambio de estación en Buenos Aires y comenzaba a hacer calor, pero Felipe González Otaño se preparaba para el frío y la nieve. Sentado a la mesa de la cocina, en una silla dura e incómoda, tenía unas horas libres antes de subir a un avión con destino a España. La oportunidad de estar hoy grabando para Netflix, así como la de haber participado en proyectos con Disney, Pol-ka y TV Pública, se lo debe a su formación en el teatro; este fue el escalón que comenzó su ascenso.
Empezó a ir a clases de teatro gracias a su madre, quién le dio “la patada inicial que necesitaba para arrancar”, después de haber actuado en obras del colegio. Era obvia su pasión por la actuación, y ella vio la futura vocación de su hijo. A los 13 años, ingresó a Odiseia, la escuela teatral de Martín Blanco, donde tomó clases por ocho años consecutivos. Confiesa que en la primera clase estaba muy nervioso
porque no sabía qué esperar o cómo lo iban a recibir. Pero admite que una vez que comenzaron los ejercicios se tranquilizó porque pensó que “estaban todos locos”.
Realizo varias obras en Odiseia, pero la más importante para él fue “Cronometrable” dirigida por Cecilia Echague. Tuvo mucho éxito y se realizaron 5 funciones por la gran demanda de entradas. Esa fue la primera vez que obtuvo/obtenía el papel protagónico y sintió que finalmente estaba demostrando su talento.
Continúa explicando que hoy en día además de ser actor, también estudia Diseño de imagen y sonido en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU). Además de estar interesado en la producción audiovisual, la principal razón por la cual decidió adentrarse en esa carrera fue por las oportunidades laborales que le habilitaría en un futuro. “Hay más chances de conseguir un trabajo como actor si comprendes el proceso que implica desarrollar un proyecto, que si se desconoce del tema”, explica.
Ingresar al mundo de la actuación, sea teatral o televisiva, implica introducirse al mundo de los castings. Las largas filas de gente esperando a ser llamada para actuar una escena o hacer una prueba de cámara es algo recurrente en su vida. El primer castings que brindo frutos “fue por pura suerte” ya que el director de la obra era alguien con quien ya había tenido contacto en otro casting.
Establece ciertas diferencias entre la actuación en una película y en el teatro. En el primero, el actor puede mediante un mínimo comportamiento de la mirada transmitir un sentimiento o una emoción, gracias a cámaras que capturan todo, mientras que en el segundo se requiere de todo el cuerpo y de mayor exageración para llegar a todo el público, incluso a aquellos que pueden no tener la mejor visión del escenario. En cuanto a la composición de sus personajes, dice que eso es semejante en ambas situaciones. Para que todo resulte más verosímil, busca algo que lo involucre personalmente al personaje para llegar a una mayor profundidad. Por eso asegura que la actuación es una convivencia entre el personaje y quién es él, por lo cual se ve identificado con todos los personajes que ha interpretado.
Una desventaja que encuentra en el teatro es la incertidumbre laboral y la económica, asociada a ella: “Un día te llueven las propuestas laborales y al otro día no sabés cúanto tiempo vas a estar sin trabajar”. Resalta que ese mismo inconveniente lo halla en los proyectos televisivos, y su situación actual lo demuestra. En este momento no tiene trabajo asegurado posterior al proyecto en el que está trabajando actualmente, por lo que frecuentemente tiene que controlar su ansiedad y estrés para poder aprovechar el tiempo libre. Comenta que desconoce personalmente como se lleva a cabo una obra en un teatro comercial pero supone que se asemeja más a una producción televisiva donde cuentan con “vestuaristas, organizadores, asistentes y escenógrafos”.
Reconoce que lo más complejo del teatro independiente es llevarlo adelante sin perder la motivación, ya que requiere de muchas horas de dedicación que numerosas veces no son retribuidas monetariamente. Afirma que “a todos les gustaría que el teatro fuera más grande y tuviera un mayor alcance para que la gente que se dedica a ello pueda vivir mejor”. Esta es la principal razón por la cual lo hace como hobbie y no como oficio. Lo utiliza como una oportunidad para seguir aprendiendo sobre la actuación pero a la vez librarse de algunas exigencias. Agrega que lo más placentero y distintivo del teatro es sentir la energía del público, ver su reacción en vivo e interactuar con personas que acaban de ver la actuación.
A pesar de considerarlo un mundo difícil de transitar, Felipe mira al teatro con cariño, respeto y admiración. Declara: “La escuela teatral fue mi primera experiencia, la base de mi formación y mi inicial contacto con la actuación, que me llevó a enamorarme de este oficio, de eso estoy totalmente agradecido”. Cierra sus comentarios afirmando que para él “es un mundo hermoso, con gente muy talentosa, llena de pasión”.

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