Estreno de la obra: Extraños, una comedia que te hará ver que tan lejos puede llegar el uso de los celulares
Olga Vania Huaman Carranza
Gabriel tiene una botella de vino en la mano. Cerrada aún, pasa de mesa en mesa mientras busca un saca corcho. Sin mucha dificultad, como si lo hubiera destapado simplemente con la mano, sirve copa por copa a los demás actores. El aroma del vino se siente en el ambiente, al igual que el del cigarro.
Ruben entra y sale del backstage. Se le ve un tanto nervioso. Tiene puesto un jogging y una campera floreada. Está en búsqueda de una copa para que le sirvan. Es parte del elenco de la obra de teatro Extraños, una adaptación de la película argentina Perfectos Desconocidos.
Son las 19 y todavía faltan dos horas más para que empiece la función. Algunos actores aún no llegan, pero tampoco hay ningún apuro. O por lo menos, eso se ve.
Gabriel, actor principal, saluda a las personas que van llegando. Le entra una llamada, contesta y sale al patio para poder conversar mejor. El teatro Macondo, con una sala para 40 personas, es un centro cultural ubicado en Barracas, debajo de las vías del tren. El techo abovedado se asemeja al de una cueva. Está ambientado con colores tenues y luces oscuras y amarillas. Afuera de la sala, hay un pequeño bar, con mesas y sillas.. Está atendido por dos hermanos, una chica y un chico. Una pareja de ancianos se les acerca, la señora mira a la chica y le dice: “Eres igual a tu madre”. Ambas se sonrojan y lanzan una risueña carcajada. “Gracias, me lo dicen seguido”, le responde.
Tocan el timbre de la entrada. El chico del bar va y abre la puerta. Es Mario, el actor que falta. Está vestido de manera casual, viene caminando rápidamente, saluda a todos de lejos y sin detenerse va directo al baño. Los demás actores están aún afuera con el público. Aún queda una hora para comenzar el show. Al poco rato llega Corina, actriz secundaria, saluda y pasa directamente a la parte de atrás. La gente empieza a llegar, algunos en grupo y otros solos, pero la mayoría parece conocerse. Los ancianos que hablaban con los chicos del bar se saludan con otros señores que llegan. Se escuchan risas. “Que bueno que aquí no hace calor”, dice en voz alta un señor con bigotes blancos. La chica del bar con una sonrisa le dice que es por la forma en que está hecho el lugar.
Aumenta el olor a cigarro en el ambiente, varios están en el patio esperando a que inicie la función. Ya no está ninguno de los actores afuera. “Los invito a la sala, que en unos minutos inicia la función”, dice la chica del bar.
Cada uno se ubica como puede. El ambiente está apenas iluminado por una luz roja ubicada en el medio del escenario. Las sillas se notan apenas. El ambiente permite transportarse a otro lugar. Silencio total, las luces están completamente apagadas y se escuchan unos pequeños pasos. Se prende una luz amarilla, “Mi amor”, dice Gabriel dirigiéndose a su esposa. En escena está una pareja de esposos, cariñosos y ansiosos, a la espera de visita. El público está atento, se escuchan las risas en la sala. Sentada al lado derecho del teatro, una señora no para de reírse a carcajadas. El hombre de bigote blanco, sentado en segunda fila, mira atentamente a cada uno de los actores.
La luz en el ambiente cambia, un golpe, un grito y los movimientos rápidos hacen que se sienta la tensión en el ambiente. De pronto, se apaga todo. Los aplausos empiezan a sonar y no cesan. Se prenden las luces y la música suena mientras cada uno de los actores entran al escenario formando una fila. Ellos también aplauden y dan las gracias al público. Se detiene la música y empieza a hablar la actriz principal, agradece la asistencia del público. Mira directamente al señor de los bigotes blancos y sorprendida le dice “Es un honor que haya venido”. Le aplaude y todos se suman. Se trata del director de otra escuela de teatro en Barracas.
Antonella presenta a cada uno de los actores y pide al público que apoyen al teatro independiente. Con un juego de palabras y agradeciendo, pide una colaboración para ellos: “A la salida habrá una gorra”, anuncia. Los aplausos resuenan en todo el teatro y los actores van saliendo uno por uno. Las luces se prenden por completo y la gente empieza a salir.
Afuera están los actores y se toman fotos con los asistentes. A un costado está Gabriel, más relajado, suspira y le comenta a Mario: “Algo de impro salió”. Él lo mira y se ríen juntos: “Boludo, no pensé que dirías eso”.
La noche está fresca, los actores se van a cambiar y la gente se está yendo. Los chicos del bar empiezan a juntar las sillas. Las luces del teatro quedaron prendidas y se puede ver toda la escenografía: un sillón en el medio, una mesa de centro y dos sillas al costado. Prenden la música para hacer más llevadera la tarea de guardar los materiales y ordenar el lugar.
Mario es el primero en salir, apresurado y sin distraerse, se despide de cada uno y se va rápidamente. Las actrices se fueron al baño. Gabriel se despide de los chicos del bar y mientras camina hacia la salida, dice: “Estuve muy nervioso hoy”.

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